Los huaorani, hoy generalmente escritos waorani, son un pueblo indigena de la Amazonia ecuatoriana. Su autodenominacion proviene de wao, "persona," de modo que waorani significa simplemente "la gente"; el antiguo exonimo auca es un termino kichwa peyorativo hoy rechazado. Hablan wao terero (wao tededo), una lengua aislada sin parientes demostrados.
Su territorio se situa entre los rios Napo y Curaray, en el oriente del Ecuador, en las provincias de Orellana, Pastaza y Napo, superpuesto a la biodiversa region del Yasuni. Tradicionalmente seminomadas, los hogares waorani vivian en casas comunales dispersas agrupadas en torno a la parentela extensa, desplazandose por amplios territorios de caza.
Su sustento combina la caza con cerbatana de dardos con curare y lanzas, la recoleccion, la pesca y pequenos huertos de selva, sostenidos por un conocimiento botanico y animal excepcionalmente detallado. El contacto externo sostenido comenzo recien a fines de los anos cincuenta, cuando la actividad misionera siguio a la muerte, ampliamente difundida, de cinco misioneros norteamericanos en 1956; la posterior concentracion en asentamientos misionales trajo epidemias y profundos cambios sociales.
En 1990 el Estado ecuatoriano titulo una gran reserva etnica waorani, y las comunidades se gobiernan hoy mediante sus propias organizaciones. La extraccion petrolera es la presion mas documentada sobre sus tierras, junto con la tala ilegal y la colonizacion impulsada por carreteras. En 2019 las comunidades waorani de Pastaza ganaron una sentencia historica que bloqueo una concesion petrolera sobre su territorio por falta de consulta adecuada, un caso de repercusion internacional. Dos grupos emparentados, los tagaeri y los taromenane, permanecen en aislamiento voluntario dentro de una zona intangible declarada por el Estado.
Ecuador
Nombres y región
Napo, Curaray and Yasuní forest regions
Nombres preferidos
Huaorani
También conocido como
Wao · self designationWaorani · alternate
Historia
Lectura pública de la historia
Lectura actual
Historia
Waorani es el plural de wao y significa, sencillamente, «gente», con la implicación —común en la Amazonía— de que los demás son algo menos que plenamente humanos. Circulan las grafías waorani, waodani y huaorani; la vieja etiqueta castellana «auca» es una palabra kichwa que significa salvaje y está rechazada. Viven en la Amazonía centro-norte del Ecuador, en zonas de las provincias de Orellana, Pastaza y Napo, en el interfluvio entre el Napo y el Curaray, y su lengua, el wao terero, no tiene parientes demostrados en ninguna parte del mundo. Las estimaciones de población varían bastante según la fuente y la definición: circulan cifras entre unos 2 400 y 5 000, con los conteos provinciales ecuatorianos en el extremo bajo y los registros comunitarios y organizativos en el alto. Varios grupos de parientes waorani —los tagaeri, los taromenane y otros— permanecen en aislamiento voluntario y no se cuentan; se estiman en unos pocos cientos de personas. Hasta mediados del siglo XX los waorani no mantuvieron relaciones pacíficas sostenidas con foráneos y eran conocidos por defender su territorio por la fuerza. Eso cambió de golpe después de 1956, cuando un intento de contacto de misioneros evangélicos norteamericanos terminó con la muerte de cinco misioneros y, pocos años después, con la concentración de buena parte de la población en un asentamiento misional. Hoy los waorani se describen como gente del bosque —ömë— y buena parte de la política waorani contemporánea es una discusión sobre cuánto del mundo poscontacto aceptar, sostenida por una población pequeña que está sentada sobre las mayores reservas petroleras del Ecuador.
El territorio waorani es bosque húmedo de tierra firme sobre terreno ondulado entre el Napo al norte y el Curaray al sur, drenado por ríos como el Tiputini, el Tivacuno, el Shiripuno, el Cononaco y el Yasuní. Es uno de los lugares más lluviosos y con más especies del planeta y no tiene una verdadera estación seca: llueve todos los meses, los ríos suben y bajan de manera imprevisible más que en un ciclo anual limpio, y domina el bosque alto de tierra firme antes que el pantano estacionalmente inundado. Históricamente los waorani fueron seminómadas y movían sus grupos de casa comunal entre sitios de chacra y zonas de caza cada pocos años; ese patrón sigue moldeando el uso de la tierra incluso donde los asentamientos hoy son fijos, en torno a escuelas y pistas de aterrizaje. Tres geografías legales superpuestas definen hoy el territorio. En 1990 el Estado ecuatoriano otorgó a los waorani una gran adjudicación comunal, citada por lo general en unas 612 000 hectáreas, la mayor entrega de tierra indígena del país, aunque se emitió sin derechos sobre el subsuelo, de modo que el petróleo de abajo siguió siendo del Estado. El Parque Nacional Yasuní colinda y se superpone con esa área, y la Reserva de Biosfera Yasuní, más amplia, fue declarada por la Unesco en 1989. Dentro de ella está la Zona Intangible Tagaeri-Taromenane, un área de acceso prohibido creada en 1999 para proteger a los grupos waorani en aislamiento voluntario y delimitada con precisión por decreto en 2007. Atravesándolo todo están las vías petroleras, sobre todo la Vía Auca y la vía Maxus, que han llevado colonos, presión de caza y deforestación a bosques antes accesibles solo por río o a pie.
El wao terero —traducido a menudo como «el habla de la gente» y escrito también wao tededo— es una lengua aislada: décadas de trabajo comparativo no han logrado vincularla de manera convincente con ninguna otra familia, aunque algunas clasificaciones la han agrupado especulativamente con las lenguas záparo y yagua. Las estimaciones de hablantes rondan los 2 000, cifra que apenas se ha movido desde comienzos de los años dos mil y que sigue de cerca a la población contactada. El atlas de lenguas en peligro de la Unesco la clasifica como vulnerable. Suelen distinguirse tres dialectos —tiwakuna, tiwituey (también escrito tuei) y shiripuno— y los taromenane en aislamiento hablan una variedad emparentada pero distinta, una de las pocas cosas que los foráneos pueden afirmar sobre ellos con alguna confianza. El sistema de sonidos es peculiar: inventario consonántico reducido, estructura silábica simple con secuencias frecuentes de vocales y un contraste sistemático entre vocales orales y nasales que da a la lengua su sonoridad característica. A partir de los años cincuenta, lingüistas misioneros desarrollaron con hablantes waorani una ortografía de base latina, y durante mucho tiempo la traducción bíblica fue el grueso del material escrito; desde entonces el sistema ecuatoriano de educación intercultural bilingüe ha producido materiales escolares y formación docente en wao terero. La transmisión hoy es desigual. Los monolingües son casi todos ancianos, la mayoría de los adultos son bilingües en castellano y los waorani jóvenes de asentamientos cercanos a carreteras y pueblos suelen usar el castellano —y a veces kichwa o shuar— como lengua principal, aunque los niños de comunidades más remotas siguen creciendo hablando primero wao terero. Las organizaciones waorani mantienen programas de radio y proyectos de mapeo territorial en la lengua.
Las casas waorani viven de una combinación de chacra, caza, pesca y recolección que se inclina de manera poco común hacia la caza. Los hombres abren las chacras en bosque maduro y se siembran sobre todo yuca dulce, plátano y chonta, junto con maíz, maní, camote y varios cultivos menores; las mujeres cosechan y, al arrancar una planta, replantan esquejes y tallos en una parcela recién desbrozada al lado, de modo que una chacra siempre está alimentando mientras la siguiente ya está brotando. La yuca se sancocha y también se masca, se machaca y se deja fermentar en una bebida espesa que es el sostén líquido de la casa y el motivo de casi todas las reuniones. La otra gran bebida se hace con chontaduro, el fruto anaranjado de la chonta, hervido y majado junto con plátano; su maduración anual es la ocasión de las fiestas waorani más grandes, cuando los grupos dispersos se juntan, beben, cantan toda la noche y conciertan matrimonios. La caza es la actividad de prestigio y la principal fuente de proteína. El arma clásica es la cerbatana, tres o cuatro metros de dos piezas de madera de palmera unidas con bejuco, que dispara dardos finos con punta de curare sellados en el ánima con un tapón de fibra de ceibo; se usa para monos y aves del dosel, mientras que el sajino y la huangana se cazan con lanzas de madera dura y, cada vez más, con escopeta. El venado se evita tradicionalmente como alimento. La pesca complementa la dieta, con anzuelos, redes y barbascos. El dinero llega hoy del jornal en empresas petroleras y turísticas, de la venta de artesanía y de emprendimientos comunitarios, entre ellos la producción de cacao y chocolate que lleva la asociación de mujeres waorani.
La cultura material waorani es sobria, portátil y hecha casi por completo con el bosque, lo que encaja con un pueblo que hasta hace poco mudaba su casa cada pocos años. La artesanía central es el trabajo de la fibra de chambira: se despoja la hoja tierna sin abrir, se hierve, se seca y se enrolla contra el muslo hasta obtener cordel, que luego se anuda —no se teje en telar— para hacer hamacas, bolsos de malla abierta, correas y redes para cargar la caza. La técnica produce un tejido elástico y translúcido que se lee casi como un patrón geométrico en sí mismo, y se tiñe en marrones suaves, ocres y negros con cortezas y barro. Las mujeres waorani son las especialistas en fibra, y la venta de artesanía a través de su propia asociación se ha vuelto una fuente importante de ingreso doméstico. Junto a la fibra, los artesanos waorani hacen coronas de plumas brillantes de guacamayo y tucán montadas sobre una banda tejida, tarugos de balsa para las orejas, collares de semillas y dientes, y la cerbatana y el carcaj, cuyo ajuste y acabado se juzgan con tanto cuidado como el de cualquier objeto decorativo. La pintura corporal se hace con achiote rojo y con el jugo azul negruzco del huito, en líneas y puntos simples sobre rostro y extremidades. La música es sobre todo vocal: cantos largos, repetitivos y agudos, solistas y colectivos, entonados en fiestas y durante el trabajo, muchas veces en líneas superpuestas más que en armonía, y acompañados de pisadas y sonajeros de semillas antes que de instrumentos. Algunos cantos son personales o pertenecen a cantores determinados, y las organizaciones waorani han pedido que las grabaciones no circulen sin consentimiento; la preparación del curare y el saber ligado a ocasiones rituales concretas tampoco se tratan como públicos.
La política waorani está dominada por el petróleo. La adjudicación de 1990 les dio título de superficie pero no derechos sobre el subsuelo, y su territorio se asienta sobre varios de los bloques más productivos del Ecuador. Los waorani están representados a nivel nacional por la NAWE, Nacionalidad Waorani del Ecuador, sucesora de la ONHAE y renombrada en 2007, y por la AMWAE, Asociación de Mujeres Waorani de la Amazonía Ecuatoriana, fundada en 2005, que combina la defensa territorial con emprendimientos de artesanía y cacao y ha recibido reconocimiento internacional por su trabajo. En 2019 comunidades waorani de Pastaza ganaron un juicio en la corte provincial, ratificado en apelación, que determinó que la consulta estatal de 2012 sobre el bloque petrolero 22 se había realizado de mala fe; el fallo anuló esa consulta y suspendió la licitación de cerca de medio millón de acres. En agosto de 2023, una consulta popular nacional impulsada por la sociedad civil ecuatoriana y respaldada por las organizaciones waorani aprobó, con alrededor del 59 % de los votos, poner fin a la extracción petrolera en el bloque 43-ITT dentro del Parque Nacional Yasuní. La implementación ha sido lenta y disputada: Petroecuador empezó a cerrar pozos, pero la producción continuó y el gobierno ha buscado ampliar los plazos, lo que llevó a los waorani a declarar emergencia territorial. Otras presiones son la colonización impulsada por las carreteras, la tala ilegal y las incursiones en la Zona Intangible, donde se han producido encuentros violentos con grupos tagaeri y taromenane en aislamiento. Los servicios de salud y la escolaridad son desiguales, y la contaminación asociada al petróleo es una queja recurrente. Dirigentes waorani como Nemonte Nenquimo, premio Goldman de Medio Ambiente en 2020, y Alicia Cawiya se han convertido en figuras internacionalmente visibles de la política territorial amazónica.
El trabajo en fibra huaorani es de anillado y anudado mas que de tejido en telar, y se apoya casi por entero en una planta: la palmera chambira, Astrocaryum chambira, la especie fibrosa mas importante de la Amazonía occidental, nombrada en wao terero de varias maneras según la bibliografía, entre ellas opogenkowe. Se corta el cogollo sin abrir de la corona, se despojan los foliolos, se separa la fibra, se hierve o se asolea para blanquearla y darle cuerpo, y luego se tuerce en cordel de dos cabos sobre el muslo. De ese cordel salen hamacas, las bolsas conocidas regionalmente como chigras, redes y líneas de pesca, pulseras y correas. La hamaca ha sido tradicionalmente trabajo de mujeres, ensenado de madre a hija, y la literatura etnobotanica considera la artesanía de chambira una de las principales fuentes de ingreso monetario de los hogares amazónicos. Los tintes son vegetales, con barro y cortezas que dan marrones, morados y negros. No hubo tela tejida: los hombres llevaban el komi, un cordel de algodón a la cintura, y las mujeres una faja de fibra o de corteza batida de llanchama, y el diseño lo cargaba el propio cuerpo, pintado con achiote y huito. El adorno incluia coronas de plumas de guacamayo y tucan, orejeras de balsa y collares de semillas y dientes. La ropa cotidiana hoy es short y polo; el komi, la corona y la pintura se visten deliberadamente en asambleas, en tribunales y ante visitantes, como afirmación explicita de identidad. La chambira se vende por asociaciones comunales, la organización de mujeres AMWAE, canales apoyados por ONG como la Alianza Ceibo, mercados de Coca y Quito y albergues turisticos. Hay fibra y plumaria huaorani en el Musee du quai Branly y en el NMAI del Smithsonian.
La cerámica ocupa un lugar pequeño y genuinamente discutido en la cultura material huaorani, y la descripción honesta es escasa. Las fuentes enciclopedicas mencionan la alfarería entre las cosas que los huaorani hacían para si mismos con productos del bosque, senalando que, como casi no hay especialización artesanal, lo que se necesita lo fabrica quien lo necesita. Donde se describen ollas locales, son piezas llanas, levantadas por enrollado, sin decoración, para cocinar y guardar agua, sin engobe pintado, rostros modelados ni los vocabularios de formas elaborados de las alfareras del Ucayali y el Maranon. Frente a esto, la bibliografía etnobotanica sobre uso de plantas huaorani pone el enfasis en otra parte: calabazas y mates, entrenudos de bambu, paquetes de hoja doblada, bandejas de espata de palmera y cuencos de madera tallada hacen casi todo lo que en otros lugares hace la cerámica. Si los huaorani produjeron su propia alfarería de forma sostenida, o si obtuvieron buena parte por intercambio e incursiones con vecinos kichwa y zaparoanos, no esta resuelto en la bibliografía publicada, y ambas versiones circulan; esta ficha senala el desacuerdo en lugar de elegir. Lo que si es claro es que tras el contacto sostenido desde fines de los años cincuenta, las ollas de aluminio y los envases de plastico llegaron rápido por las misiones, el intercambio con las petroleras y los mercados, y la producción cerámica doméstica practicamente termino en la mayoría de comunidades. Las colecciones lo reflejan: lo que los museos guardan de los huaorani es sobre todo fibra, plumaria, cerbatanas y lanzas, no cerámica. La arqueología del alto Napo y del Pastaza documenta tradiciones cerámicas anteriores importantes en la misma región, pero su relación con la ascendencia huaorani no esta establecida y no debe darse por supuesta.
La música huaorani es abrumadoramente vocal y austera en instrumentos, y suena distinta a la música de flauta y tambor de la mayoría de sus vecinos. Las grabaciones y descripciones publicadas presentan celulas melodicas breves de ambito muy estrecho, repetidas largamente, cantadas en solo o por un grupo en unisono flojo y superpuesto, a veces por hombres y mujeres a la vez, y sostenidas durante mucho tiempo. Los instrumentos son pocos: se reportan una flauta de caña o madera, silbatos y sonajas, pero no hay una tradición desarrollada de construcción instrumental y la cultura pone su esfuerzo en el canto. Las ocasiones son sociales y no de escenario: la fiesta eeme ligada a la cosecha de chontaduro, el matrimonio, la visita y la bebida de tepe, la chicha de palmera y yuca, con los mayores llamados pikenani como cantores reconocidos y autoridad sobre lo que se canta. Los cantos llevan consejo, y los relatos publicos describen cantos de matrimonio que instruyen a la pareja sobre lo que se espera de ellos como buen cazador y buena hacedora de tepe. Existe material publicado: los discos waorani editados por Tumi Music, entre ellos Waaponi, presentan canto grupal registrado en campo junto al sonido del bosque, y el canto huaorani aparece en cine documental y en el trabajo mediatico de las organizaciones huaorani. La himnodia evangelica en wao terero, introducida desde los años cincuenta, ha sido una influencia mayor y abiertamente discutida, que a la vez mantiene la lengua en el canto y desplaza el repertorio antiguo. La transmisión corre hoy por la familia, los eventos comunales, la educación intercultural bilingue en wao terero y proyectos comunitarios de documentación. Aqui no se reproducen textos de canciones.
La ceremonia huaorani mejor documentada en fuentes publicas es el eeme, la fiesta ligada a la cosecha del tewe, el chontaduro o chonta, Bactris gasipaes, que madura aproximadamente entre enero y abril. Es la ocasión en que convergen los grupos domésticos dispersos, se prepara y se bebe gran cantidad de tepe y se arreglan y celebran matrimonios; los relatos publicados describen el matrimonio como algo que ocurre dentro de la fiesta, decidido historicamente por los mayores y acompañado de cantos de consejo. Su función social se enuncia con claridad en la literatura etnografica: la fiesta convierte la hostilidad potencial entre grupos domésticos en afinidad, y los antropologos han presentado la historia social huaorani como un ciclo en el que la fiesta, el matrimonio y la alianza son la alternativa permanente a la incursión armada. Cuan fuerte y cuan continuo sigue siendo el eeme varia mucho entre comunidades y las fuentes discrepan con fuerza: unas lo describen en gran medida perdido y otras reportan una recuperación deliberada; ese desacuerdo se senala, no se resuelve. Junto a ello, la vida ceremonial publica huaorani de hoy incluye las asambleas de la NAWE, organización de la nacionalidad huaorani, y de la asociación de mujeres AMWAE, los aniversarios comunales y las comparecencias colectivas con vestimenta ceremonial en audiencias como el fallo waorani de Pastaza de 2019 contra la licitación petrolera. Lo restringido queda restringido aquí: el conocimiento chamanico, la práctica de cura y el detalle de lo que se canta y se hace pertenecen a los especialistas y comunidades implicados. Nada se describe sobre los tagaeri y taromenane, parientes en aislamiento voluntario, cuya situación es asunto de protección y no de descripción.
Las fuentes publicas describen el conocimiento botanico huaorani como inusualmente amplio, desde materiales de construcción hasta venenos de pesca y de dardo y medicinas, y se sostiene de forma extendida y no por una clase profesional: como hay poca especialización artesanal, la mayoría de los adultos maneja un saber práctico sobre lo que se usa para heridas, fiebres, mordedura de serpiente, parasitos y parto, aprendido acompanando a los mayores en el monte. El saber mas profundo esta con los mayores llamados pikenani, cuya autoridad en salud reconoce explicitamente la literatura ecuatoriana de salud intercultural. Esta ficha no nombra nada mas allá de eso. Ninguna planta se asocia aquí a una preparación, una parte, una cantidad o un método, no se describe en ninguna forma la preparación de venenos, y nada de esto debe buscarse en una enciclopedia: es conocimiento especializado, es peligroso mal aplicado y es propiedad intelectual colectiva de las comunidades huaorani. El encuentro con el sistema estatal es reciente y tenso. El contacto desde fines de los años cincuenta trajo epidemias; las carreteras petroleras trajeron a la vez consultorios y contaminación; y la investigación publicada sobre salud intercultural en Tonampare describe la relación como un desencuentro de marcos mas que como un dialogo. El Ministerio de Salud Publica del Ecuador y la PUCE conducen proyectos como Comunidades Waorani Saludables en Orellana, Napo y Pastaza, y una asociación de parteras reune a delegadas kichwa y waorani de decenas de comunidades. En biopirateria el caso documentado es genético y no botanico: en 1991 se extrajo sangre a personas huaorani con participación de investigadores vinculados a Harvard y de la petrolera Maxus, y muestras y líneas celulares se distribuyeron internacionalmente a traves del Instituto Coriell; el Ecuador abrio acciones tras una denuncia huaorani en 2010.
La casa huaorani es el onko, y la forma ancestral, durani onko, es una casa larga y no una choza: una cumbrera sostenida sobre horcones con vigas que bajan hasta el suelo por ambos lados, de modo que techo y pared son una sola superficie continua de hoja de palmera entretejida desde la cumbre hasta la tierra, con una puerta baja en cada extremo. La paja toquilla y otras palmeras dan el techado, y el humo de los fogones interiores lo cura, dando al techo seis o siete años de vida. Una casa larga albergaba un nanicabo, grupo doméstico de unas diez a quince personas, tipicamente una pareja con sus hijas y yernos, durmiendo en hamacas colgadas alrededor del interior, con fogones en el piso y cerbatanas y lanzas apoyadas en las paredes. La ubicación prefiere lomas y cimas alejadas de los ríos grandes, con chacras de yuca y chontaduro cerca, y los asentamientos eran dispersos, a menudo una o dos casas largas por sitio, reconstruidas cuando el grupo se movia. La nucleación misionera desde fines de los años cincuenta y después el acceso por carreteras petroleras cambiaron esto: la mayoría de los huaorani vive hoy en poblados alineados junto a pistas de aterrizaje y carreteras, en casas cuadradas de tabla de madera dura aserrada alzadas sobre pilotes, techadas con paja o calamina, con escuela, iglesia y puesto de salud. Desde 2003 algunas comunidades han reconstruido deliberadamente durani onko por primera vez en décadas, según se reporta en parte para que los parientes en aislamiento los reconozcan como huaorani y en parte para la enseñanza cultural y para los visitantes.